El desarrollo de aplicaciones de escritorio comienza eligiendo la estrategia de plataforma adecuada: nativa (Windows/macOS/Linux), marcos de trabajo multiplataforma y el modelo de distribución. Un MVP bien definido y un prototipo inicial ayudan a validar los flujos de trabajo, las necesidades de rendimiento y la experiencia de usuario general en equipos reales.
A medida que el producto madura, la estabilidad, las actualizaciones y la distribución se vuelven fundamentales. Un manejo cuidadoso de los sistemas de archivos, permisos, modo offline y las integraciones (API de dispositivos, periféricos, autenticación empresarial) hace que la aplicación sea confiable en el uso diario, mientras un mecanismo de actualizaciones y el reporte de fallos simplifican el soporte a largo plazo.