El desarrollo de apps iOS empieza con claridad: quiénes serán los usuarios, qué tarea debe realizar la aplicación y qué escenario debe abordarse en la primera versión. Una fase de descubrimiento sólida ayuda a definir el alcance del MVP, seleccionar la arquitectura adecuada y evitar funciones que pueden parecer atractivas en teoría pero que no mejoran el uso real.
Una vez establecida la base, el énfasis se traslada al comportamiento de la interfaz, al rendimiento y a la estabilidad entre distintos modelos de iPhone y versiones de iOS. Patrones de navegación consistentes, una gestión de estados cuidadosa y integraciones bien planificadas (pagos, autenticación, analíticas, APIs de backend) facilitan el mantenimiento y la escalabilidad del producto tras el lanzamiento en la App Store.